
Uno debiera tener siempre una ventana…
una ventana ingenua
que pintara largos sueños,
con una tiza de inocencia que cubriera
las sonrisas que se rompen de los gestos.
O tal vez…
tener tan sólo una cortina (verde/alga)
que al abrirse en la colina
nos trajera,
lo que el nido nos esconde
entre la rama.
Yo tejería esa ventana, si pudiera…
o quizá, la usara
como adorno en la pestaña
para abrirla cada vez que algo me duela,
o cada noche si divago
en la nostalgia,
o en los brazos que traslucen
si recuerda,
que un amigo en la distancia
nunca falta.
Tal vez, así…
me haría menos aire, menos ave,
y más humana,
en la imagen que bosqueja sin quererlo
mi delirio y mi cordura
por ser agua.
y el abdomen con mil rostros de tristeza
o quizá, el pelo negro, el ojo tuerto…
u otras manos, de otros dedos, y más caras…
para ser en los reflejos que adormezco,
lo que soy, más lo que adentro
...no me alcanza.

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