
Alguien se desnuda las muñecas,
se quita el rostro…
levanta el brazo…
y se recuesta.
Alguien quizás lo observa…
se tapa el pecho,
esconde el diente,
guarda su soledad,
para que nadie sepa.
Pero al final, es como todo…
tan complejo y tan sencillo
como el llanto…
Como un niño leve
de los labios y el oído…
que tapa el ojo
mientras juega en la ventana
a que ve con una mano
y la otra llora.
Y solo hay piel…
solo la piel que nos ponemos
cada día,
y cada noche se hace blanda
y nadie toca.

1 comentarios:
Excelente, Sidel. Me alegra mucho visitar tu blog. Tu poesía es delicada, sensible y original.
Felicidades
Un beso
Ana
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