miércoles, 6 de diciembre de 2006

Deshabitando olvidos


Ahora no hay más
de esa mirada que apresura.

Ni hay tampoco de esa brisa que hace notas.

Hoy se cuelan por el musgo los reflejos
y en las hojas
los sentidos de otro adiós.

Y nace un gesto
sobre el árbol mañanero,
un surco austero de palomas que golpean
el ala roja que desmaya en la razón.

Y bajo el árbol…
una sombra tiene rostro,
y seca el labio con un roce de nostalgias,
la piel se torna un óleo inerte
que no pinta,
el fósil dulce que proverbia el corazón.

()


Y ahora no,
no quedan más de aquellas gotas sobre el cuerpo…

no queda más de un vientre abierto
en dos ojales…
y el olvido se presenta como intruso
y se expande y me arrastra hasta su anchura
mientras huye herido en agua algún amor.

()

Mas yo que escondo la pupila
tras la puerta
y me ato de cabellos la mirada…

bebo entonces con la lluvia los sabores
y me adhiero al golpe brusco
sobre el pecho
de la cuna que cobija mi dolor.

Y rezo al ave que hace cultos tras la aurora
y pido al niño que da rezo a las orugas:

que el olvido no me borre las caricias…

que no me robe la humedad de los sonidos…

que no me guarde tras los años el calor.

Mientras me habito despoblada a las migajas
que trae el rayo de la luz tras la persiana,
que cierra el ojo mientras nace el nuevo sol.

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